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lunes, 3 de agosto de 2009

Fest Garage 2: Tres grandes tríos

Ya van un par de semanas desde que se efectuó la segunda versión del Fest Garage. Luego de una primera experiencia realizada en el Garage Bizarro en abril de este año, el 18 de julio pasado, en las inmediaciones del Estudio Elefante, se realizó esta convocatoria que logró congregar a importantes bandas del under santiaguino. Esta vez, y al igual que en la primera ocasión, el festival contó con la feria itinerante Pasto Seco.
Esa tarde fueron más de una docena las bandas que metieron ruido en el subterráneo del local. En promedio, las presentaciones de los grupos bordearon los 30 minutos. Como pocas veces, el cronograma se fue cumpliendo sin retrasos e incluso se contaba con tiempo de sobra.
De las agrupaciones que participaron en esta fecha, tres fueron las que más me llamaron la atención, tanto por sonido como por puesta en escena. En primer lugar está una de las bandas más representativas de Palacagá Discos, Innombrable, quienes me sorprendieron gratamente con su propuesta. A pesar de que lo suyo no es nada nuevo, estos flamantes discípulos de Steve Albini lograron convencer a los espectadores y dejaron una buena impresión.
Otro de los conjuntos que brilló esa fría tarde invernal fue Fatiga de Material, trío proveniente de Valparaíso, que se mantiene en constante actividad en los circuitos porteños y que acaba de lanzar su primer ep homónimo. El grupo ocupa la clásica fórmula guitarra/bajo/batería para dar forma a sus temas, todos instrumentales, que de alguna manera recuerdan a lo hecho por los compatriotas de Familea Miranda o Griz. Justamente en un tributo a esta última banda fue que los vi por primera vez el año pasado. Desde ahí a la fecha, la banda cambió de bajista, incluyendo en sus filas a una mujer, quien es la que hoy se encarga de las cuatro cuerdas. Buena propuesta, que tampoco destaca por la originalidad sino que por la fuerza que transmite su directo.
Por último, y los que en mi humilde opinión se robaron la película, cabe destacar a Marcel Duchamp. De las bandas que tocaron en este segundo Fest Garage, posiblemente es una de las más experimentadas y que tiene la mayor cantidad de tocatas a cuestas. Cuando se subieron a tocar, el subterráneo del Estudio Elefante, por primera vez en toda la tarde, se veía repleto de gente. Nadie quería perderse el show de los duchamp, pues claro, gran parte de los asistentes acudieron especialmente para ver la actuación de una de las mejores agrupaciones de hardcore nacional en la actualidad.
El público los acogió coreando todas sus canciones y cerrando cada uno de los temas con un aplauso cerrado. Haciendo un recorrido por toda su discografía, este trío de hardcore punk confirmó su vigencia en la movida, a pesar de no estar pasando por un etapa de gran actividad, ya que su vocalista, Jko Contreras, se encuentra viviendo en Concepción.
Ojalá que iniciativas como estas se repitan y multipliquen en el futuro, ya que en nuestro país buenas bandas hay por montones y de los estilos más diversos. Sólo hace falta apagar la tv y empezar a indagar en medios distintos a El Mercurio o La Tercera, para darse cuenta de que se existen ideas de tan buena calidad como este Fest Garage. Hoy con internet esto es más fácil que nunca: sólo hace falta tener las ganas de buscar y dejarse sorprender con nuevas propuestas.

En el siguiente video se encuentra gran parte de la presentación con la que Marcel Duchamp dejó atónito a más de algún despistado que andaba en busca de baladas románticas.

domingo, 5 de julio de 2009

El regreso de los eternos peores

Más de diez años de silencio tuvieron que pasar para que la escena santiaguina presenciara nuevamente a una banda que, a mediados de los noventa, hiciera popular cánticos con líricas que hablan de temas tan bizarros como suicidios colectivos en China (Síndrome Camboya) o de una genuina devoción a una actriz porno (Chicholina).
Los Peores de Chile fue una de las pocas agrupaciones de rock que logró instalar sus sonidos punkrockeros tanto en radios como en canales de televisión. Mérito nada menor si se considera que sus letras se alejan bastante de lo considerado “políticamente correcto”.
Luego del lanzamiento de su primer disco en el ’94, en cosa de meses los músicos consiguieron fama y atención mediática, lo que terminó por llevar al conjunto al colapso. Así como alcanzaron rápidamente la cima, su caída no tardó en llegar y la disolución del grupo fue sólo una cosa de tiempo. A fines de la década pasada ya nadie hablaba de ellos en ningún medio y la vida de su vocalista, el Pogo, pasó a ser todo un misterio.
Inesperada. Esa es la palabra que mejor describe el anuncio de la reagrupación de la banda y la programación de una tocata para fines de junio de 2009, en la que sellarían su regreso. Pogo (guitarra y voz), Jando (guitarra), Klein (bajo) y David Osorio (batería), estos tres últimos también miembros de Los Revoltosos, es la formación con la que decidieron enfrentar esta nueva era. Del cuarteto, sólo el baterista no participó en la grabación del LP homónimo de 1994, aunque también tuvo un paso fugaz por el conjunto en su primera andanza.
Es noche de viernes en el barrio del Club Hípico y afuera del Club Cadilac una cincuentena de punkys se agolpan en las boleterías del recinto, esperando la abertura de puertas. El valor de la entrada, considerando la envergadura de la convocatoria, está a unas populares tres lucas. Una vez dentro la espera sería larga aunque no tediosa, ya que para amenizar la previa, por los parlantes del espacioso local sonaba un agradable rockabilly que hizo bailar a más de alguna pareja. Álvaro España de los Fiskales, las hizo de Dj y con una acertada rutina que incluyó desde versiones de los Ramones a temas de Los Violadores, cumplió con su papel.
La primera banda en salir al ruedo fue Lilits. Cuando partió tocando este trío de chicas, el Cadilac aún se notaba vació. De ellas yo sólo había escuchado su disco Lilits (2005) y así sin más referencias, me pareció que lograron prender a ratos a los pocos asistentes que prestaban atención. El sonido no fue de los mejores, pero eso no fue impedimento para que la banda dejara todo en el escenario.
Su presentación privilegió los temas nuevos del grupo, que están incluidos en su nueva placa, la que esperan lanzar el próximo 22 de julio. En las canciones del nuevo álbum muestran su lado más melodioso y, como suele pasarle a muchas bandas, integran más pausas y cambios de ritmos, consiguiendo una “madurez musical”. Con su mezcla de rapidez y temas más fiesteros, el trío logró tímidos aplausos del público. Fue un show parejo, que si hubiera contado con un sonido que les acompañe, habría subido notablemente de nivel.
Para el siguiente número ya se veía un poco más de concurrencia al interior del recinto. Directo desde las australes tierras de Punta Arenas, la banda Hielo Negro invadía el local con toda la fuerza y solidez de su rock patagónico. Aparte del split que comparten con Yajaira y un par de temas más, no estaba tan familiarizado con la música de este combo de Hard Rock.
Entre la gente se podía ver a varios fanáticos de la banda, que probablemente venían a verlos especialmente a ellos, lo que se notó en que en cada canción que tocó el trío sureño, la respuesta fue excelente por parte de los asistentes. Sin contar el mencionado split, la banda tiene otros cuatro discos que han ido lanzando a lo largo de sus más de diez años de carrera. El grupo debe ser algo así como la versión criolla de Motörhead, matizando los riffs hardrockeros con temas más ligados al punk y el metal.
En una inesperada confesión, el propio vocalista y guitarrista de la banda se encargó de decir que nunca pensó que llegaría a telonear a Los Peores de Chile, banda que escucha desde su época colegial. En cerca de media hora, la agrupación supo cómo encender a la concurrencia, lo suficiente como para dejarla alistada para el plato de fondo.
Ya era la hora. Se terminaba la espera para que se cristalizara esta histórica reunión de Los Peores de Chile. Aunque previamente la banda ya había participado el 6 de junio en una tocata en Coquimbo, esta ocasión sirvió como el regreso oficial, ya que por primera vez en 12 años se pararían en un escenario que estuviera a la altura de lo que significó para muchos esta agrupación.
Sin más preámbulos los músicos tomaron posiciones y en cosa de instantes ya estaba sonando la primera canción. “Gil del año” con ese punk rock veloz que tanto nos gusta, rompió con los 12 años sin degustar la peor cosecha de estas tierras. “Qué feliz en tu trabajo / sólo currar y dormir / y a cambio de unas monedas / tu serás un explotado” pronunciaba con frescura el Pogo y el Cadilac parecía que se venía abajo, formándose un mosh de proporciones. A esas horas de la noche el local albergaba a alrededor de 500 personas que ocupaban casi por completo la pista de baile.
Me atrevo a decir que la gran mayoría de los que asistimos esa noche de viernes al Cadilac, nunca tuvimos la posibilidad de ver a esta banda en su pleno apogeo. Si mal no recuerdo, Los Peores de Chile fue la primera banda de punk nacional que tuve la suerte de escuchar, incluso antes que los Fiskales Ad-Hok o Los Miserables. Hace más de 10 años, por esas cosas de la vida, llegó a mi casa el cassette debut de la banda del Pogo. Las pegajosas melodías y las letras divertidas que se podían oír en ese cassette quedaron grabadas en mi memoria. Pero no fue sino hasta un par de años después cuando me volví a reencontrar con ese disco y de ahí en adelante no lo solté más.
La mayoría de los temas que tocaron esa noche pertenecían a aquel álbum homónimo, ya que fue el único en el cual participó una formación estable. “Malos, malos, malos” y las radiales “Chicholina” y “Síndrome Camboya” sirvieron como perfectas dosis de nostalgia, que remontaron a aquellos tiempos en que la banda gozaba de una increíble popularidad. Ya para el “13 mordiscos de amor” (1997) los Peores habían sufrido una ruptura, por lo que esa segunda placa se tuvo que grabar con una nueva e improvisada alineación, que de los integrantes originales sólo incluía al Pogo.
Algo que no podía faltar en esta tocata era algún tema acompañado por la magistral interpretación de la armónica por parte del escuálido vocalista. Así fue como en “Boogie Woogie” se pudo apreciar todo el manejo que éste tiene del instrumento, haciendo bailar y poguear a una fanaticada, que a esas alturas, estaba entregada por completo al espectáculo. Me hubiera gustado que el cautivante sonido de la armónica hubiera figurado en más temas, pero lamentablemente, no fue así.
Pero en esta nueva era del grupo no sólo quiere vivir de recuerdos. La reunión tiene objetivos mayores como la creación de material nuevo, para la posterior grabación de un esperado tercer disco. Para este show la banda tenía preparada una sorpresa, ya que aprovechó la instancia para tantear terreno, mostrando una nueva composición, “Loco de amor”, en la que se sigue la línea tan característica de sus otros éxitos.
Para cerrar esta jornada memorable, apareció por fin un tema que había esperado toda la noche y que de ninguna manera podía quedar fuera: “Hollywood Boulevard”. “Y ya no hay nada en que creer / Y ya no hay nadie en quien creer”. Esa sigue siendo la consigna de la banda, que se resiste a dar por finalizada su historia. Porque, al parecer, cual película de ciencia ficción, aún nos falta ver lo peor.


viernes, 12 de junio de 2009

Fasat Alfa en el Bar Constitución

A más de 30 años de haber surgido el punk rock, con el tiempo han aparecido montones de variantes de éste género. Una de esas tantas derivaciones es la que cultiva Fasat Alfa. La banda se inició hace más de diez años, pero en aquel tiempo su nombre era otro. Medio Litro fue el grupo donde empezaron a dar sus primeros pasos, en el que tocaban un punk melódico sin mayores innovaciones, pero en donde ya comenzaban a demostrar un interés real por hacer canciones.
Con los años su música se fue haciendo cada vez más compleja. En el transcurso la banda sufrió algunas modificaciones como el cambio de nombre a Fasat Alfa, por el recordado primer satélite chileno en ser lanzado al espacio, y el ingreso de un nuevo bajista que se sumó al cuarteto que eran hasta ese entonces. Hoy la banda la conforman Francisco Prieto (voz, guitarra, pandereta), Fernando Larraín (guitarra, bajo), Daniel Larraín (guitarra, teclado, voz), Sergio Saavedra (bajo, guitarra) y Simón Larraín (batería). Con esta alineación ya consolidada han lanzado dos discos: “Fasat Alfa” (2004) y “Saiyen Pepe” (2007), y esperan editar una tercera placa dentro de los próximos meses.
La fecha del miércoles en el Constitución era una especial, porque fue anunciada como la última en la que contarían con el guitarrista Daniel Larraín, quien parte a estudiar al extranjero. Especialmente esa noche el local estaba vestido de fiesta, pues sólo un par de horas antes de la tocata, Chile había goleado por 4 a 0 a la escuadra boliviana, con lo que la selección logró acercarse aún más al mundial de Sudáfrica. A sólo un par de cuadras del local, la Plaza Italia estaba llena de eufóricos que celebraban como si la clasificación ya fuese un hecho, pero esa es otra historia.
Pasadas la una de la mañana y con el local de bellavista repleto de gente, dieron inicio al show con “Plebiscito Mental”, una de las viejitas de la banda, rescatada de su primer álbum homónimo. “Estoy en contra de las risas postizas y a favor de los ojos rojos” dice la canción, que como la mayoría de las de Fasat Alfa, contiene letras con historias surrealistas con un significado que queda a la libre interpretación de quien las escuche.
La noche siguió y los parajes psicodélicos se hicieron presentes con canciones como “Sábado Amarillo” o “Miedo al Vacío”, también de su primer disco, donde la mezcla de ritmos y melodías fueron una muestra perfecta de la experimentación que Fasat Alfa llevó a cabo con éxito en su primer registro.
Bandas como ésta que se mueven entre una amplia gama de estilos dentro del rock, no están para encerrarlas en un solo género ni para ponerle una etiqueta específica. Eso resulta absurdo, sobre todo luego de presenciar alguna de sus actuaciones en vivo, donde uno no tarda en darse cuenta de que la evolución del grupo es constante y de que cada disco es una nueva oportunidad de reinvención.
Instrumentos como el teclado, la pandereta y el acordeón son los condimentos precisos para adornar las armonías de las canciones, necesarios para no caer en el juego de la música prefabricada, fome y repetitiva. Las nuevas composiciones del conjunto también tuvieron su lugar en el repertorio, con temas como “Cama de hospital”, “En la boca del volcán” o “Aeróbica Mental”. En ésta última la introducción de una emotiva línea de armónica y la base programada en un pequeño teclado, potencian aún más el eclecticismo de la agrupación.
Para la alegría de algunos, en una de las pausas entre tema y tema, el vocalista Francisco Prieto lanzó un par de discos de regalo al público. Una buena forma de promoción, que sólo puede hacer una banda independiente, que no tiene a nadie a quien responderle. Mejor aún si se considera que los discos no se pueden conseguir en ningún otro lado que no sea una tocata o con algún integrante de la banda.
Cuando llevaban cerca de una hora tocando Fasat Alfa comenzó a despedir su última tocata como quinteto, por lo menos en el mediano plazo. “Uno en el fin del mundo”, la última del “Saiyen Pepe”, cerró la noche con toda la fuerza y velocidad del punk, la que no han perdido pese al paso de los años y de la cual se nota que siguen disfrutando cada vez que realizan una nueva presentación.

lunes, 27 de abril de 2009

Less Than Jake en Chile: El ska punk sigue vivo

Por los parlantes del Rock & Guitarras sonaba "Killing in the name of" como una brutal antesala de la fiesta que se vendría instantes después. Aunque el club no está precisamente acostumbrado a conciertos de esta envergadura (una visita como la de Less Than Jake no se tiene todos los días), parecía una buena alternativa considerando el número de boletos vendidos. Al ojo eran poco más de 300 las personas que albergaba el local ñuñoíno, esperando ansiosas por ver en acción a los oriundos de Gainesville, Florida.
De seguro que si esta visita hubiera tenido lugar hace diez años, las circunstancias serían totalmente distintas. No serían 300 sino 3.000 las personas gritando por Less Than Jake y el concierto no habría sido sólo uno más dentro de los numerosos eventos que se agendan en nuestro país. El auge al hardcore y el punk melódico, junto su correspondiente rama ska, no es precisamente hoy en el año 2009. Si a esto se le suma otro factor importante, como lo es la actual crisis económica mundial, es entendible que la concurrencia a este tipo de tocatas no tenga una respuesta tan incondicional. Esto ha quedado demostrado por la reciente seguidilla de intentos fallidos que tuvieron la productoras, al intentar traer a nuestras tierras a agrupaciones de renombre dentro del género, como lo son Face to Face, Bouncing Souls y The Adicts.
En el local ya no sonaban más los afilados sonidos de Rage Against The Machine, sino que la estridencia dio paso al tema de Star Wars, el que fue acompañado por los músicos y que sirvió como intro para que el quinteto se apropiara del escenario.
Al igual que en el resto de los conciertos de la gira sudamericana, "Conviction Notice" de su última placa GNV FLA (2008), fue la elegida para abrir el set. El ritmo y la melodía de ánimo festivo no tardó en entusiasmar a los fanáticos, quienes tanto habían esperado esta instancia, la que por poco no se lleva a cabo por los motivos antes mencionados.
Temas de culto como lo son "Happyman", "Automatic" o "Johnny Quest Thinks We're Sellouts" remontaban al impecable "Losing Streak" (1996), pieza imprescindible dentro de la discografía de los norteamericanos. El sonido compacto que lograba la banda, dado por la acertada inclusión del saxofón y el trombón, lograban una unión perfecta con los instrumentos de cuerdas, sin desafinar en ningún momento. Aquello daba cuenta de que no estábamos frente a un conjunto cualquiera y de que los 17 años que llevan de trayectoria se hacen evidentes en sus presentaciones.
Si bien dentro de su repertorio la banda cuenta con algunas canciones como "The Rest of My Life" o "The Ghosts of You and Me", que pueden sonar extremadamente melódicas e incluso rozando el estilo pop punk que cultivan las bandas de MTV, la agrupación se encargó de despejar las dudas ejecutando clásicos de la talla de "Look What Happened" "Nervous In The Alley" o "Scott Farcas Takes It On The Chin", temas que no dejaron a nadie indiferente.
Tras 80 minutos de función la banda se comenzó a despedir con la inconfundible "All My Best Friends Are Metalheads", canción que fue bailada y coreada al ritmo del ska. Así se dio término a una tarde cargada de nostalgia, que ni el cambio de local a última hora pudo opacar.

viernes, 6 de marzo de 2009

Circle Jerks en Chile: La leyenda del hardcore saldó su deuda

La expectación para este concierto era mucha. Luego de haberse cancelado la fecha que tenía programada para diciembre de 2008, Circle Jerks por fin confirmaba la visita a esta larga y angosta faja de tierra. La banda, que este año cumple 30 años de trayectoria, se presentaría en el Teatro Novedades, en un espectáculo que muchos llevaban largos años y hasta décadas esperando.
La tarde del 4 de marzo comenzó con la presentación de la banda Sub Radical, quienes, como se había anunciado anteriormente, tocarían alrededor de 30 minutos. Su actuación se caracterizó por el mal sonido, lo cual pareció no ser tanto culpa de ellos como de la falta de profesionalismo y preparación de la gente encargada del sonido. Supongo que cosas como éstas seguirán pasando si es que eventos como éste no se empiezan a tomar con la seriedad suficiente.
No pasaron ni diez minutos desde que comenzaron a tocar y, debido a un problema que ocurrió con el bombo de la batería, la banda tuvo que dejar de tocar. Una lástima ya que de seguro esta gran banda tenía preparado un set list avasallador, lo necesario para encender los ánimos de los pocos asistentes que a esas alturas habían llegado al Novedades. “Rápido (me voy)”, “Autodestrucción” y “Directo” fueron algunos de los pocos temas que alcanzaron a ejecutar, antes de finalizar su actuación que tuvo más de pena que de gloria.
Pasadas las 20 horas llegó el turno de los BBS Paranoicos, quienes sin más preámbulos comenzaron su show, el que contó con una considerable dosis de canciones de la primera etapa de la banda. El cuarteto encabezado por Omar Acosta apeló a la nostalgia de los asistentes, disparando potentes ofensivas de la talla de “Tan lejos”, “Libertad Condicional” y la impecable “Crisis”. Esto fue matizado con parte de su material más reciente, como “Cristales”, “Ruidos” o el hit radial “La Rabia”, de su último disco a la fecha, “Antídoto”.
En general, el público respondió de buena forma a la actuación de los estandartes nacionales de Hardcore Melódico. Sin embargo, hubo quienes no escatimaron insultos contra la agrupación, tildándolos, entre otras cosas, de “taquilleros”. Desde el lanzamiento de su último álbum, la banda ha ido suavizando su sonido, lo cual le ha permitido llegar a públicos más masivos e incluso tener un video rotando frecuentemente en un canal del cable. Al parecer la “fama” de la que gozan hoy en día y el notorio giro que tuvo la agrupación, es un pecado que difícilmente será perdonado por un segmento importante de sus antiguos seguidores.
A medida que corrían los minutos el sonido de los BBS fue mejorando. Hacia el final de la presentación, Alberto, vocalista de Sub Radical, se subió al escenario para acompañar en las voces de “Corazón al barro”, tema que abre su ya mencionado y conflictivo último disco. Con el tema clásico “Mentira”, la agrupación se retiró de la escena dando paso al plato fuerte de la noche.
Escapándose a la norma a la que se está acostumbrado, los Jerks tardaron sólo unos minutos en entrar en juego. Pasadas las nueve de la noche, acompañados por una intro de la Pantera Rosa, el veterano Morris (voz), Hetson (guitarra), Schloss (bajo) y Fitzgerald (batería), tomaron sus posiciones y dieron inicio a la función. El comienzo fue con “Question Authority” de su alabada placa de 1982, “Wild in the Streets”. El hardcore de la vieja escuela se apoderó del Novedades y al instante se desató un pogo de proporciones. La gente bailaba y gritaba eufórica cada una de las piezas de la clásica banda californiana. A mi juicio en ese entonces el sonido era bastante aceptable, nada comparable con las verdaderas torturas que se han padecido en ocasiones anteriores como, por ejemplo, en la visita que nos hizo Misfits el año pasado.
Los Jerks tienen a su haber uno de los discos más imprescindibles dentro del hardcore: el “Group Sex” (1980). Aunque desde la fecha de su lanzamiento han pasado casi 30 años, este disco siempre ha sido parte fundamental de sus presentaciones en vivo; en su primera función en Chile esto no fue la excepción. Temas como “Behind the door” o las bipolares “Back Against The Wall” y “I Just Want Some Skank”, junto a la inseparable “Beverly Hills”, se encargaron de recordar a la muchedumbre por qué ésta merece pasar a la historia como una fecha memorable.
La dinámica del show fue con varias pausas entre canciones, en las que la banda aprovechaba de recomponerse del gran desgaste que significa llevar a cabo una presentación tan enérgica. Morris, quien ha tenido serios problemas de salud debido a una diabetes, interactuó constantemente con el publicó, dialogando distendidamente acerca de su paso por Black Flag, entre varios otros temas. Él, un verdadero ícono del hardcore punk con más de 30 años en actividad, es la prueba viviente de que en esta movida no hay cabida para egos enormes. Ni su envidiable trayectoria fue capaz de eclipsar la humildad y empatía con que abordaba a la fanaticada.
La noche siguió con otros temas que no podían quedar fuera como “In Your Eyes” y “Letter Bomb”, mientras que con “Red Tape” la locura alcanzó aún más adhesión. Todo esto gracias a la estridencia de los rugidos de Morris, a quien poco le importaba estar a las puertas de cumplir 57 años, cuando con una energía desaforada gritaba “Tax this, tax that, ¡no more red tape!”. A quién no le gustaría llegar a esa edad con la vitalidad que demuestra el vocalista de los Circle Jerks. Por otro lado, un inquieto Hetson hacía de las suyas desplazándose sobre el escenario, con saltos incluídos, sin aflojar en ningún momento.
Otro de los puntos altos de la noche fue cuando Morris invitó a la gente de Sub Radical para que le acompañara en las voces en “Wild in the Strets”, uno de los temas más pedidos de la noche. Una vez arriba del escenario el trío parecía estar en otro planeta, ya que difícilmente podrían haberse imaginado estar parados al lado de uno de sus grandes mentores y más aún, en esas circunstancias particulares.
En la noche del miércoles también hubo cabida para los covers. Uno de ellos fue el homenaje que le brindaron a los Creedence Clearwater Revival con la versión de “Fortunate Son”, que aparece en el disco “VI” de 1987. Más cerca del final del show, los Jerks comenzaron a despedirse con una seguidilla de canciones de la primera etapa de Black Flag, período en el que Keith Morris se hacía cargo de las voces. “Depression“, “Gimmie gimmie gimmie”, “Revenge” y “Nervous Breakdown” sirvieron para dar término a una jornada que quedará en la retina de quines estuvimos presentes.
Gente que nunca imaginó tener a tamaña agrupación pisando nuestro país, vio agradecida como uno de los pilares esenciales de la escena californiana de principios de los 80, saldaba su deuda con el público sudamericano en general, y con el chileno, en particular. Por la delicada salud de Morris, es difícil pensar en una segunda visita de los Jerks a futuro. Pero si esto llegase a suceder, asistir a ese show será un deleite, nuevamente.

martes, 27 de enero de 2009

Sub Radical celebró 15 años de rock

Encontrar una buena banda de hardcore no es tarea fácil. Pero lo que es aún más difícil es encontrar una que se mantenga en actividad más de 15 años, sin sufrir cambios de integrantes en el transcurso. Sub Radical es una de las pocas que puede jactarse de aquello. Partieron allá por el año 94 sin más pretensiones que rockear para matar el tiempo. Hoy, 15 años más tarde y con cinco discos bajo el brazo, se podría decir que su motivación sigue siendo exactamente la misma, aunque evidentemente las circunstancias son bastante diferentes.
Practicantes implacables del “hazlo tú mismo”, esta agrupación ha sabido trascender a las tendencias, manteniéndose al margen de las modas de turno. Su música no está para etiquetas; lo suyo es rock duro, uno que surge fruto de las más variadas influencias, las que van desde el punk rock más tradicional hasta la inclemencia del metal pesado.
Con los años lograron encontrar aquello que más debe anhelar una agrupación: un sello propio, el que se manifiesta a través de una propuesta distinta, la que los diferencia de las cientas de bandas que aparecen diariamente y que no son más que copias baratas de las agrupaciones gringas. Es por esto que cuando me preguntan por alguna banda que se asemeje a Sub Radical, nunca he sabido qué responder, ya que buscarles alguna comparación, por lo menos a mí, me complica un poco.
Esta fecha de celebración llegó más bien de improviso, ya que fue anunciada con sólo unos días de anticipación. De esta forma, se programó una tocata que se vino bastante encima, pero que de igual forma era imperdible. La guinda de la torta era un anuncio que se leía en el flyer: esa misma noche se registraría la presentación de la banda, la cual constituirá el nuevo disco de Sub Radical.
Como tantas otras veces, en esta ocasión la tocata se realizó en el Club Mist, en pleno barrio Suecia. Aunque la cita era a las 23 hrs., a esa hora el lugar estaba prácticamente vació. A estas alturas la mayoría se pasa por la raja la puntualidad, lo cual tiene sus pro y sus contra, pero lo cierto es que no tiene sentido empezar una tocata si no hay público. En el local no había más de diez personas y la mayoría estaba instalada en la terraza, por lo que el inicio de la función tendría que esperar otro tanto.
Unas horas después, poco antes de las dos de la mañana, se suben al escenario Alberto “Rojo” Castro (voz, bajo, guitarra), Pato Larraín (guitarra, bajo, voces) y el Negro Vildósola (batería). La espera había sido larga y la vena por el rock estaba hinchada a más no poder. El Mist, aunque no estaba repleto, tenía copada buena parte de su capacidad.
Sin más preámbulos Sub Radical da comienzo a la función y arremete con una de sus mejores ofensivas. “Contingente”, tema que abre su disco debut, “Sigo Respirando” (1999), da inicio a lo que sería más de una hora del mejor hardcore nacional. “Tanta gente se amarga / todos usan sus descargas / es un ciclo deprimente / es humano y contingente” gritaba acertadamente Alberto, causando el deleite del público.
Las canciones corrieron unas tras otras, guardando apenas pequeñas pausas entre ellas. En “Contra el Mundo” el Rojo invitó al baile y la agitación de los asistentes se disparó de un momento a otro. Hubo un intento de pogo, el que se apagó en pocos segundos debido a la estrechez del lugar.
Uno a uno los temas fueron coreados a todo pulmón por la gente, la que a duras penas podía aguantar el ritmo inclemente con que se ejecutaban. Aunque Sub Radical nunca ha gozado de mayor difusión, es una banda que tiene a su público cautivo e incondicional. Para muchos es una de las mejores bandas de Hardcore Punk chilenas en la actualidad. Esto tanto por su sonido inigualable como por la capacidad técnica de cada uno de sus integrantes.
Algo que los caracteriza es el que a la mitad de cada show Alberto y el Pato intercambien instrumentos. En la segunda parte de la función el Rojo se hizo cargo de la guitarra y el Pato del bajo. Con esto dan paso a la ejecución de los temas que se podrían considerar más potentes, como lo son “Niños”, “Bicho” y “Bestia Nueva”. En éstos Sub Radical muestra su cara más oscura, tomando una distancia considerable de sus primeras composiciones, lo cual comenzó a notarse con mayor fuerza luego del lanzamiento de los discos Canciones Para Explotar Volumen 1 (2005) y Volumen 2 (2006). Cabe mencionar que el día de la tocata, ambos discos se encontraban disponibles a sólo mil pesos.
Pero esta celebración no era una cualquiera. Se conmemoraban 15 años desde la primera vez en que este trío, en plena adolescencia, tomaba los instrumentos y se lanzaba en esta carrera. Por esto es que las canciones para la noche del 23 de enero fueron elegidas con pinzas, ya que tendrían que, de alguna u otra forma, abarcar todas las etapas de la banda. De acuerdo con lo anterior y haciendo un homenaje a sus primeros años, apareció de repente uno de los temas más añejos del conjunto, registrado en el “Compilado Círculo Records” del año 97, el que lleva por nombre “Me Arrepiento”. “Si nada es para siempre / cierra los ojos / en el presente todo es decadente” dice la canción, aparecida en aquel cassette que aún anda dando vueltas por algunas tiendas del Eurocentro.
“Nunca habíamos tocado tanto” señaló Alberto. Y era cierto. Las tocatas de Sub Radical nunca se han destacado por su larga duración, aunque sí por su intensidad. Acercándose a la hora de show, la banda va por el último tema de la noche. “Ahora” es elegido para dar cierre a una jornada redonda. Hacia el final de éste, ocurre un desperfecto técnico que afecta a la guitarra del Rojo, lo cual no fue mayor impedimento para seguir tocando. Con un poco de ayuda la banda aperra hasta el final y logra dar término su presentación.
Nadie quería que el jolgorio terminara y ante la efervescencia que se vivía en el Club Mist, la agrupación decide tocar una más. Desde el público se escucha alguien que dice “Herida”. A los de la banda parece gustarle la idea. El tema que da cierre al que es, en mi opinión, su mejor álbum (“En el mundo y sin poder”, 2001) las hizo también de broche de oro para esta celebración. “Te sacaré la piel / te invitaré a comer / tú serás mi comida / comiéndote sabrás / cuánto yo te amé / lo profundo de mi herida” insiste el Rojo, ya con las últimas fuerzas, y el público sube como avalancha sobre el escenario para celebrar en conjunto con los tres integrantes.
En suma, fue una noche en la que Sub Radical demostró una vez más su fuerza demoledora y en la que desplegó todo su potencial como conjunto de trayectoria. El disco en vivo de seguro será una pieza excepcional, y ojalá que vea la luz a la brevedad. Sólo resta una cosa por decir: ¡Larga vida a Sub Radical!. Aunque decirlo suene cliché, están en su mejor momento, más afiatados que nunca y con pila de sobra para seguir otros 15 años más.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Misfits en Chile: El fin de un ciclo

Son muy pocas las veces que al finalizar un concierto de esta envergadura queda la sensación de que las expectativas previas no han sido cumplidas. En ese sentido, hay una serie de factores que influyen positiva o negativamente en el buen desenlace de un show: la calidad del sonido, el desplante escénico de la banda y el cumplimiento de los horarios, entre muchos otros elementos, son los que afectan en distinto grado en la percepción final que los asistentes tendrán del evento.
Con la noticia de la quinta visita de estos veteranos del punk rock a nuestro país, había razones de sobra para tener muy altas expectativas. Sólo considerando su gran trayectoria, aquellos que asistiríamos por primera vez a presenciar la actuación de esta banda seminal, no podíamos esperar otra cosa que un espectáculo deslumbrante.
Es cierto que la vara estaba muy alta (quizá demasiado), ya que se venía de un fin de semana del terror, con una memorable jornada sabatina en la que recibimos la visita de la banda española El Último Ke Zierre, junto a los argentinos de Flema y al conjunto nacional, Fiskales Ad-Hok. De dicho concierto pocas son las objeciones por hacer y, sólo poniéndose quisquillosos, lo único que se podría criticar es la irrisoria y caricaturesca iluminación que formaba una A de anarquía. Lo demás, todo bien. Pero lo cierto es que lo ocurrido el 21 de mayo pasado, evidentemente no estuvo a la altura del megaevento anunciado con bombos y platillos por una gran cantidad de medios nacionales.
La cita, según lo señalado en la entrada y en los afiches divulgados tanto en las calles como en la web, era a las 18:00 horas. He ahí el primer inconveniente, al no aclararse si es que esa hora consideraría o no a las bandas teloneras, lo cual no es un detalle menor. Mi arribo al Estadio Víctor Jara fue un par de minutos después de las seis de la tarde y, oh, grande fue mi sorpresa cuando al ingresar al recinto veo a, nada más ni nada menos, Jerry Only y compañía sobre el escenario. Sin perder un minuto más, me pierdo entre la masa que copaba por completo la cancha del estadio. Uno a uno fueron siendo ejecutados todos los clásicos de la banda, desde aquellos temas compuestos en la era Danzig, esa época de oro que es rememorada con especial nostalgia por la gran mayoría, hasta las canciones que aparecen en sus “nuevas” producciones, donde Michael Graves se hace cargo de las voces. También aprovecharon de tributar a la banda anterior de Robo y Dez Cadena, Black Flag, con temas como Jealous Again, Six Pack y Rise Above, en donde este último pudo lucirse con un par de solos de guitarra.
El ambiente que se vivía en la cancha no difería mucho al de cualquier espectáculo de esta índole: había una gran efervescencia del público, en donde todos parecían explotar con cada nuevo acorde. A ratos, el pogo era bestial, lo cual se notó de mayor forma cuando tocaron el tema “American Psycho”, del álbum del mismo nombre. La tónica de aquella tarde, y que ya es una costumbre de la banda, fue que cada uno de los temas fueron ejecutados a una velocidad mucho más rápida que la de sus versiones originales, lo que obviamente incidió en que la duración de los temas rara vez superara el minuto y medio.
Como quería tener una mejor perspectiva del show, subí un rato a la galería, con lo que tuve un plano más general. Recién ahí me di cuenta de que el sonido era paupérrimo, cosa que difícilmente se podría notar con la agitación reinante en la cancha. Realmente se escuchaba muy mal, los sonidos estaban bastante saturados y a decibeles infernales. También pude apreciar las descoordinaciones en que cayeron los integrantes de la banda, en especial aquella en que Robo entró a destiempo en los tarros, teniendo que empezar nuevamente la ejecución de un tema.
El tiempo pasó volando y, cuando no llevaban ni siquiera una hora sobre el escenario, descendieron en busca de un respiro. Pocos instantes después vuelven a subir, primero Jerry Only, cabeza de la banda, quien fue el único que tuvo algún grado de interacción con el público, alzando el puño en repetidas ocasiones, mientras con la otra mano marcaba las notas en su instrumento. En el bis tocaron no más de dos temas, “Die die my darling” y otro que no recuerdo, para luego bajar del escenario por segunda y definitiva vez. La gente se enajenó. Nadie podía creer la extremadamente corta duración del show, por lo que al ver que la banda no regresaba frente a las continuas pifias, el desenlace fue más que obvio. Primero fueron botadas tímidamente un par de rejas de contención, para luego dar paso a los instintos viscerales de los más violentos, quienes no dudaron en agarrar cualquier cosa que se encontraran en el camino para agredir a los guardias, quienes nada tenían que ver en el asunto. A la salida, la situación no era tan diferente, pero esta vez se dio la clásica batalla campal contra la fuerza pública, quienes no dudaron un segundo en disgregar a las masas a punta de guanacos. El panorama no vale la pena ser descrito mayormente: basta con ver las noticias cualquier día para hacerse una idea más o menos clara.
En síntesis, y desde mi personal y conformista análisis de la jornada, aunque el concierto no fue del más alto nivel que se le exige a una banda de este calibre, puedo quedarme con la satisfacción de haber vibrado mientras pude con varios de los temas. Era la primera (y última) vez que los veía, por lo que en ese sentido es cierto que quedé algo decepcionado; evidentemente, no era lo que se esperaba. Pero lo que más me molestó más allá del mal sonido, las neo versiones de los temas clásicos, las equivocaciones por parte de la banda y las falencias de la productora al no difundir información certera, fue que la banda no se dignara a tocar un par de minutos más, con lo cual se hubiera evitado el disgusto de los asistentes y parte de los desmanes posteriores al concierto. Con esto, la tesis de que la gira en celebración de los 30 años de la creación de Misfits no es más que una confabulación del viejo Only para llenarse los bolsillos, no hace más que potenciarse, ya que por lo visto en su concierto en nuestro país, en este tipo de eventos pareciera que más que tocar por gusto, la agrupación se prestara a realizar sólo un trámite.
Resta sólo una cosa por decir: con esta quinta presentación de los padres del llamado “horror punk”, se ha cerrado un ciclo. Adiós Misfits y hasta nunca.


martes, 29 de abril de 2008

Karrete Oldskull III: La mala yerba nunca muere

El cartel de este show y las bandas que aparecen en él, parecía augurar un evento archiconocido. Chiste repetido para algunos, una excelente velada para otros tantos: todo es cosa de gustos. Para este último grupo, aficionado a las guitarras con distorsión y las baterías aceleradas propias del hardcore punk, las tres agrupaciones señaladas en el afiche constan con un aliciente que podría interesar, en mayor o menor medida, a cualquier seguidor del género, y es que tienen en común el haber estado tocando y creando sonidos desde hace más de una década. Lo anterior es digno de subrayar ya que, en un medio donde las oportunidades escasean y lugares para tocar no hay en abundancia, la autogestión en la grabación de material y organización de tocatas, es una actitud a lo menos plausible y es un mérito del que pocos se pueden jactar.
Pese a lo anterior, hay ciertas cosas que siguen incomodando y que han sido una constante en este tipo de eventos. La más reprochable es la impuntualidad, la que en muchos casos sobrepasa la paciencia de los asistentes. No me referiré a esto como una falta de respeto, sino que más que eso, creo que es una falta de consideración hacia el público que paga debidamente su entrada para oír a un par de bandas. A nadie le agrada que un show se atrase más de dos horas y que para peor, la cerveza esté a un precio mayor de lo anunciado.
Pero bueno, centrémonos en lo más relevante de aquella noche. Iniciando la tanda musical nos encontramos con Vadca, agrupación liderada por Miguel, genio y figura del punkcore criollo y a quien se le debe en gran medida el poder contar con estas instancias de encuentro nocturno. Su presentación se vio marcada por el profesionalismo y por la gran preparación que tiene esta banda. Se nota que se están tomando las cosas en serio, lo que se refleja en la perfecta ejecución de su repertorio. Repasaron temas de toda su discografía, pero poniendo un mayor énfasis en las canciones de su próximo disco, el cual está en pleno proceso de grabación y en el que se puede apreciar cierta evolución en su sonido, pero manteniendo siempre su esencia característica. Una buena recepción de los asistentes coronó una redonda actuación de esta banda, creadora de clásicos como “Mamá está presa”.
Un pequeño break y llegó el turno de 608-Z de salir al escenario. La verdad es que a este grupo ya lo había visto en diciembre pasado y no me llamó mayormente la atención, por lo que esta vez preferí quedarme en el sector de la barra compartiendo un par de cervezas, mientras pasaban el documental “American Hardcore” por una de las pantallas del recinto. En el lugar se podía ver alguna que otra cara conocida, como a Álvaro España de los Fiskales Ad-Hok y a Peter, vocalista de los recién disueltos Fuerza de Voluntad (emblemas del hardcore Straight Edge nacional), quien se encargó de registrar en video la rutina de la primera de las bandas.
Alrededor de las tres de la mañana, y después de haber degustado un par de botellones de escudo, llegó la hora del plato de fondo: Sub Radical. Era la primera vez que los veía posterior al lanzamiento de su última placa (que es la que seguramente escuchas mientras lees esto), por lo que tenía muchas ganas de corear cada uno de los excelentes temas del “Cinco”. Su presentación logró prender al público e hizo que se formara un pogo al igual que con Vadca. Sobre esto último, un pequeño paréntesis: supongo que nunca va a faltar el hueón que quiere demostrar su hombría a los demás, golpeando incluso a quienes no quieren participar de este baile. Para enfrentarse a la estupidez de estos descerebrados (que no son más que unos cuantos) las opciones están más que claras: si no se quiere salir machucao, hay que ponerse atrás o contestar con más violencia para no dar ventaja. Lástima que no se pueda bailar un pogo tranquilamente. Siguiendo con Sub Radical, creo que demostraron que son una banda con mucha potencia y actitud, y que se nutre de múltiples influencias dentro del rock. En su casi hora de presentación, lograron ejecutar, con uno que otro percance (etílico?), temas que van desde un cover de Motörhead hasta sus composiciones más recientes como Niños, 7 segundos, Surfer, el tema deathDr Plop!!” o la desquiciada “Camión / Ratón”. A éstas se le suman los clásicos de siempre de sus discos anteriores, entre las que se destacan “Contingente”, “Para”, “Afírmate” y la dupleta aplanadora de “Magia Negra” y “Apolítico”, de su disco Canciones Para Explotar V.2.
A eso de las cuatro de la mañana culminó una jornada bastante extensa, tanto por la espera inicial como por la duración de cada una de las bandas. En cuanto a lo musical, el “Karrete Oldskull III” cumplió con lo esperado y los asistentes deben de haber quedado más que satisfechos, pero siempre con la esperanza de que en el futuro puedan corregirse aquellos pequeños detalles en la organización, con lo cual se podría disfrutar de una noche perfecta.